Desde hace más de una década Venezuela sufre un feroz proceso de colectivización de su sociedad, planeado y ejecutado desde el Gobierno Nacional con el apoyo de los ilegítimos integrantes de otras ramas del Poder Público y la asesoría de regímenes extranjeros contrarios a toda forma civilizada de ejercicio del poder. ¿Qué es el colectivismo?, ¿es igual al estatismo? En el libroIndividuos o masa ¿en qué tipo de sociedad quieres vivir? encontramos la respuesta: “Dicho en forma simple, el colectivismo es aquél sistema de organización social que pone el énfasis en la nación, el pueblo, el bien común, en el colectivo, justamente, y en donde las instituciones existentes se ocupan de proteger a ese colectivo, aún a costa de los individuos. En esta doctrina, el protagonista es la autoridad gobernante, que dispone del poder para dirigir la sociedad en beneficio de todos, y, así, llevar adelante el plan ideado para lograr la felicidad y la justicia en la sociedad. El individuo y sus propiedades pasan a un segundo plano y se convierten en el medio para alcanzar los fines y las metas que traza el colectivo” (p. 12).

El estatismo, o proceso en el cual los órganos y entes estatales desplazan por completo a los individuos y a sus organizaciones en la economía y la sociedad civil para asumir todo el poder en la toma de decisiones, no equivale en forma directa a colectivismo, pero sí es una condición óptima para que este último surja. Entre 1958 y 1988 Venezuela experimentó una estatización de su economía y de todos los ámbitos de la sociedad, pero no llegó al colectivismo, pues no existió durante el período democrático el propósito de aniquilar a los individuos, condenar su amor propio y su sentido de autonomía personal.

Tal propósito, en cambio, sí está presente en el proyecto político que asumió el poder en 1999, y que se radicalizó en 2007 cuando inició una política sistemática de violación de la propiedad privada y otros derechos individuales vinculados a ella. Poco o nada han reaccionado los venezolanos ante esa pretensión colectivista, pues el estatismo en que vivieron durante casi 40 años, los “preparó” para ser sumisos, o para no comprender a cabalidad el horror de la pretensión criminal que ahora les tocó enfrentar.

¿Pruebas del colectivismo que se ha implantado en Venezuela? Además de la política contraria a la propiedad privada mencionada, que se expresa en rescates de tierras, falsas expropiaciones, ocupaciones, intervenciones, comisos, etc., lo son la militarización de la vida social (se piensa ahora en batallones, comandos, misiones, unidades de batalla, tropa, combatientes, etc.), la difusión coactiva en la educación básica de ideas contrarias a lo individual y favorables a la revolución, la patria o el Estado, la imposición –y sumisa aceptación– de una neolengua plagada de términos que niegan moralmente al individuo, como pueblo, patria, poder popular, comuna, nación, soberanía, etc., en la criminalización de la disidencia y la libre empresa, como sinónimos de egoísmo, insolidaridad, desprecio por el otro y codicia, y en fecha reciente la inmoral Resolución 9855 del Ministerio del Trabajo, por la cual se advierte a las empresas privadas agroalimentarias que deberán “proporcionar los trabajadores requeridos con el fin de aumentar la productividad de la entidad de trabajo requirente o solicitante” por un período de 60 días, prorrogables “por igual tiempo si las circunstancias lo ameritan”.

Las consecuencias del colectivismo, como lo muestran los casos de Cuba, Corea del Norte, la antigua Alemania Oriental y la China maoísta, han sido y serán siempre las mismas: servidumbre, pobreza, violencia, discriminación, privilegios y un poder ilimitado. Por ello, vendría bien a quienes en Venezuela dicen rechazar este estado de cosas, pasearse por las reflexivas páginas de El Amanecer, novela del jurista argentino Ricardo Manuel Rojas, que se inspira en la conocida obra de Ayn Rand La Rebelión de Atlas, que adapta el argumento central de esta última (la lucha de los emprendedores contra los nefastos saqueadores estatistas) al presente latinoamericano, y en particular de la Argentina bajo el kirschnerismo.

Dos párrafos de la novela de Rojas, nos dan idea de cómo en ella es denunciado el colectivismo, como si estuviera describiendo al mismo tiempo situaciones cotidianas en la Venezuela chavista: “En algunos minutos, estos hombres llevarán a la ruina a mucha gente decente y trabajadora. Enarbolando el estandarte de la justicia social, avasallarán los derechos; en nombre de la soberanía violarán la propiedad. Estos símbolos que idolatran con tato fervor serán la excusa para cometer tales crímenes. Han servido únicamente para alimentar el ansia de poder de quienes en su nombre esclavizaron al resto”. Y sobre la tan invocada justicia social, expresa: “…justicia y mayoría son conceptos independientes que no tienen por qué coincidir. Aquellos que pretenden identificarlos han creado la autocontradictoria expresión de ‘justicia social’, que confunde la justicia con el número de personas, considerando justa cualquier decisión que se tome para beneficio de muchos… El criterio individual cede frente al colectivo, aun cuando esto último supone violar los derechos de algunos individuos”. ¿Tendrá todavía posibilidad Venezuela de salir del colectivismo al que entró “democráticamente”?

Fuente: El Nacional