Resulta lógico iniciar cualquier análisis sobre la situación actual de Venezuela desde la muy visible y demoledora realidad de pobreza material a la que hoy son sometidos sus habitantes. Sin embargo, una aproximación más profunda aunque no menos preocupante que el estado de ruindad en que se encuentra la estructura productiva, comercial e industrial del país por los mecanismos de control ya conocidos –donde se deben considerar no sólo la erosión institucional y el intervencionismo económico, sino también el quebrantamiento sobre otros ámbitos de la sociedad y la cultura igual de importantes como la degradación y manipulación de la lengua para introducir narrativas como la guerra económica y los precios justos, en la fractura del tejido social y la cooperación espontánea insertando emociones como el resentimiento y el miedo, en la modificación forzosa de rutinas y prácticas sociales por la inseguridad ciudadana, el adoctrinamiento escolar, entre otros- sugiere un asalto directo hacia las bases psicológicas e incluso biológicas de autoconservación, confianza y amor propio esenciales en todo grupo humano que se oriente hacia la vida pacífica, próspera, democrática y de iguales entre sí.

Esta animadversión que desde el poder se siente hacia el ser humano, dueño de sí, diverso, cambiante, creativo y hasta impredecible incluso sobre sus propias creencias, es uno de los motivos centrales que impulsa la pretensión arbitraria de planificación-dominación sobre otros, con la aspiración de abolir o reconfigurar en sentido de identidad individual para sustituirlo por uno basado en la identidad colectiva característico de los socialismos reales, que en última instancia, implica una violación de la propiedad privada sobre la corporalidad y el autogobierno de cada persona para elegir sobre los aspectos cruciales de su vida. Entre otros autores, Richard Pipes y José Ortega y Gasset exploraron esta y otras perspectivas en sus reconocidos libros Propiedad y Libertad y La Rebelión de las Masas respectivamente, siendo este punto relevante en la presente entrega del Observador de Coyuntura.              

Las 5 noticias clave:

 Tomará al menos un año restablecer los inventarios necesarios para garantizar el abastecimiento

1) Gobierno usa violencia alimentaria como arma de control político 

El monopolio sobre los alimentos como instrumento de sumisión frente a los gobernantes no es una política novedosa sino que, por el contrario, se ha empleado a través de muchos episodios de la historia humana con el objeto de ampliar los marcos de dependencia, debilitamiento y posterior adaptación por costumbre por medio del control de las necesidades básicas. Quizá pueda parecer a simple vista exagerado el planteamiento para el caso venezolano, pero la creciente escasez, el desabastecimiento, el incremento de los saqueos por estados iniciales de hambruna (en especial en el interior del país) y la centralización ahora casi “perfecta” de la distribución de los productos básicos por medio de los Comités Locales de Abastecimiento y Distribución o CLAP, obligan a comprender el tema en su justa dimensión moral, existencial y humanitaria. Como lo sostiene la nutricionista y experta en seguridad alimentaria Susana Rafalli, “la emergencia nutricional se ha instalado lentamente y ya es irreparable en la población infantil”, de modo que no se trata de un asunto menor, sino que ya toca a generaciones futuras de venezolanos que estarán comprometidos en sus estructuras físicas, orgánicas y cognitivas a causa de la prolongada malnutrición e inseguridad alimentaria, considerando además que continuará el desplome en la producción y disponibilidad de alimentos en los meses venideros, como lo aseguran gremios como Fedenaga debido a la pérdida de cosechas y el retraso en las importaciones de semillas y otros insumos para la producción agrícola y pecuaria. En su libro 40 siglos de control de precios y salarios, los profesores R. Schuettinger y E. Butler sostienen que “la persona o clase social que controlara el abastecimiento de los alimentos esenciales tenía en sus manos el poder supremo”, lo cual parece una fotografía trágica de la Venezuela de hoy.

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People line up outside a state-run Bicentenario supermarket in Caracas January 9, 2015. Lines swelled at Venezuelan supermarkets on Friday with shoppers queuing up by the hundreds to seek products ranging from chicken to laundry detergent, as a holiday slowdown in deliveries sharpened the OPEC nation's nagging product shortages. Queues snaked around the block at grocery stores and pharmacies around the country, with consumers in some cases gathering before dawn under the gaze of national guard troops posted to maintain order. REUTERS/Jorge Silva (VENEZUELA - Tags: POLITICS BUSINESS)

2) Denuncian alquiler de niños en colas del centro de Caracas

El deterioro de las relaciones familiares y sociales ha sido otra consecuencia tangible de aquel empobrecimiento que trasciende lo netamente económico aunque se encuentra íntimamente asociado a éste. Ello queda evidenciado no sólo con el estado de anomia actual que presenta el país por el hipertrofiado estatismo imperante, sino que encuentra una de sus principales manifestaciones sociológicas en las colas y el conjunto de vicios que a ellas subyacen. Observar la discriminación política para el acceso a productos esenciales, así como la corrupción extendida a funcionarios de seguridad e integrantes del llamado Poder Popular ya no lo es todo: ahora se suman potenciales formas de esclavitud a niños y jóvenes por parte de presuntos padres y/o representantes bajo la llamada “economía de supervivencia”, que aparenta muchas veces justificarlo todo. Denuncias clandestinas han indicado la cesión de niños para alquilar a cambio de distintas sumas de dinero para resguardar los lugares dentro de las filas e incluso permitir el pronto acceso a los establecimientos, práctica que varía según el producto, el lugar, la urgencia, entre otros. Estas conductas delictivas y perniciosas pueden fácilmente degradar la condición humana de niños y jóvenes a la de simples sirvientes, rediseñando su identidad individual a la no pertenencia sobre sí, ocultándose bajo el manto del cumplimiento de un propósito superior que termina por atrofiar sus capacidades físicas y mentales. Ello debería generar un repudio masivo de todos los sectores de la sociedad civil.

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Conindustria: Unas 8 mil empresas cerraron en últimos 20 años

3) Conindustria: Unas 8 mil empresas han cerrado en Venezuela en los últimos 20 años

El desarrollo económico de un país se mide, entre otros, por la salud, fortaleza y crecimiento de su aparato industrial que está en comunicación directa con las garantías al derecho de propiedad. La posibilidad de disponer sobre lo propio implica que los propietarios tomen plena consciencia del conjunto de costos y beneficios de utilizar sus recursos de una u otra manera. Sin embargo, en el caso de Venezuela habría que referirse más bien al proceso de desindustrialización que ha ocurrido en los últimos años, motivado a toda clase de trabas, regulaciones y desincentivos a la producción e inversión que han traído como resultado que, según estimaciones de Conindustria, para el cuarto trimestre del 2015 sólo se encontrase operativo el 43% de la capacidad histórica de productividad nacional, lo que demuestra el fracaso de las políticas gubernamentales y la urgencia de adoptar reformas para reactivar no sólo la producción, sino la reindustrialización nacional que genere bienes, servicios y empleos. 

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4) De Petare a Catia: La rutina de una cola a ciegas

Es posible que una de las formas de violencia y discriminación menos comprendidas por los venezolanos sean las colas o filas para adquirir productos, como se conocen estas expresiones de servidumbre y dependencia coactiva en otras latitudes. Tal drama no está exento de un abordaje antropológico al alterar los antiguos esquemas de intercambio, hábitos y prácticas que, como consecuencia de la escasez y la necesidad, han forzado a un rediseño de las costumbres y espacios de socialización, ahora establecidos no por la voluntariedad individual y la elección libre sino por la imprevisibilidad y la necesidad adaptativa que, paradójicamente, representa poco más que un regreso a los antiguos esquemas de caza y recolección de los humanos en el mundo primitivo. No sólo se trata de un doblegamiento físico sino espiritual y práctico, si a ello le sumamos aspectos del análisis económico como los costos de tiempo –un bien altamente relativizado y subestimado por muchos-, de oportunidad e incluso de información sin certeza de obtener resultados satisfactorios en cuanto a la obtención de un producto. La experiencia soviética, por ejemplo, ya mostró a la humanidad los resultados de la ingeniería social empleada por aquella forma de violencia caracterizada por la hambruna y la miseria. Pero además de esto, la realidad venezolana, tal y como lo relata la observación de las colas de Petare a Catia en este reportaje, ha padecido también los efectos del empobrecimiento de la lengua o inserción del neolenguaje posicionado desde el Gobierno –de acuerdo con la nota, colas y productos regulados son palabras que pueden encontrarse repetidas de manera infinita en una conversación-, fenómeno de control político estudiado entre otros por George Orwell en su novela 1984 y nada ajeno a la desnaturalización del derecho de propiedad.                     

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5) En Venezuela aún se emprende vuelo con las ideas 

La Fundación Ideas, en alianza con Mercantil Banco, abrió un nuevo concurso para apoyar el emprendimiento y la innovación en el país. Al margen del clima adverso para los negocios hoy presente, la iniciativa debe ser tomada como una demostración de que la imaginación, la creatividad y la libertad individual aún pueden tomar camino por medio de programas de incentivos y capacitación a los jóvenes que puedan ser los empresarios del mañana. De igual forma, la iniciativa introduce nuevas formas de comunicación, formación y presentación como los medios virtuales y el uso de videos y otras herramientas de interacción claves en el mundo de hoy. Concursos como el impulsado por la Fundación Ideas deben ser motivo de celebración aún en las peores circunstancias, pues representan la perseverancia y superación tanto de los participantes como de las empresas privadas que aún se mantienen operando en Venezuela.    

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Elaborado por: Carlos Herrera – investigador Observatorio de Derechos de Propiedad

Para más información: carloshcedice@gmail.com

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