Boletín 38 | Comprometidos con la libertad y los derechos humanos 2017-09-13T17:41:14+00:00

    Project Description

    Boletin 38: Comprometidos con la libertad

    Los numerosos intentos del régimen por acallar las voces de los medios de comunicación, los repetidos atropellos cometidos en contra de los periodistas y su derecho a informar, las reiteradas censuras aplicadas a medios internacionales que han vuelto su mirada hacia los acontecimientos políticos y sociales de nuestro país, dejan clara evidencia de un afán propio de los modelos socialistas por obtener a la fuerza el silencio de quienes disienten: pensar no está permitido y mucho menos si las ideas adversan a quienes ostentan el poder.

    Esta es la idea central que toca Isabel Pereira en la sección La Lupa, cuando al abordar el tema, se pregunta cuál es el temor del régimen venezolano sobre la posibilidad de que los ciudadanos ejerzan su derecho a ser informados por distintas fuentes internas y externas.

    Víctima en primera persona de estos sucesos, el destacado periodista José Domingo Blanco (Mingo), nos expone su punto de vista en Historias Ciudadanas, dejando claro que, con esta acción, el capricho del gobierno “suma nuevas familias a la terrorífica lista de desempleo, en un país que padece los más altos índices de inflación y escasez”.

    Finalmente en la sección Reflexión, reproducimos un valioso artículo de Andrea Rondón publicado en el diario El Nacional, a propósito de las huellas que las recientes protestas han dejado impresas en nuestra ciudad. Caracas está marcada por los sucesos de violencia, pero sobre todo por la resistencia y la rebeldía, por el compromiso de los ciudadanos que se niegan a perder sus derechos y que seguirán desde sus espacios defendiendo la libertad.

    LA LUPA: El terror del totalitarismo a la propiedad de la libertad

    Por Isabel Pereira

    Más claro imposible, a las dictaduras totalitarias la libertad les infunde pavor. La noticia sobre medios fuera del aire en menos de 48 horas son muestra fehaciente de la urgencia del gobierno de callar a los que pregonan sus ideas, todos aquellos que usan la libertad como su principal propiedad:

    ¨El 25 de agosto, Enza Carbone, presidenta de la Cámara Venezolana de la Industria de la Radiodifusión, informó que Conatel decidió no renovar la concesión de las emisoras 92.9 FM y 99.1 FM., igual suerte han corrido RCN, Caracol, CNN en Español, El Tiempo de Colombia y Todo Noticias de Argentina¨.

    En el boletín del Observatorio de los Derechos de Propiedad hemos insistido en la idea de que la propiedad no se reduce solo a bienes materiales, esencialmente es una referencia a la propiedad de la vida, al derecho y privilegio de todo ser humano a proclamar que es dueño de sí mismo, que su vida le pertenece, que la comparte con quien decide hacerlo y se solidariza con aquellos que la necesitan. En estos momentos asistimos a otra dimensión del peligro en que se encuentra la propiedad y quizás la esencial, porque una persona es dueña de su vida cuando es libre, cuando puede decidir sobre su proyecto de vida, también es dueña de sus bienes materiales e inmateriales, de su casa, y también de sus ideas, cuando las leyes que rigen la sociedad garantizan y respaldan la certeza de este derecho humano.

    Todas estas realidades se posibilitan cuando la propiedad de la libertad de los seres humanos es incuestionable.

    El lector de estas líneas debe preguntarse, cuál es ese profundo temor del régimen venezolano sobre la posibilidad de que los ciudadanos ejerzan su derecho a ser informados por distintas fuentes internas y externas, que pueda acceder a visiones distintas de lo que está viviendo, acercarse a la mirada que sobre nuestras vidas pueden ejercer ciudadanos de otros mundos.

    El Estado niega la renovación de las concesiones, ordena el cese de las transmisiones y con ello atenta directamente contra la propiedad de nuestra libertad. Intenta desesperadamente someternos con la versión totalitaria, una sola opinión, un solo periódico, una sola radio, una sola televisora, sin recordar que esta ha sido la causa más poderosa de los intentos comunistas de anular al ser humano en su pretensión de construir un robot u ¨hombre nuevo¨ que actúa por instrucciones, que es incapaz de crear, imaginar o de luchar por su propia libertad.

    HISTORIAS CIUDADANAS: Voy a morir en libertad

    Por José Domingo Blanco (Mingo) @mingo_1

    Aristóteles, hace muchísimos años dijo que la excelencia moral es resultado del hábito. Que nos volvemos justos, realizando actos de justicia. Que nos volvemos templados, realizando actos de templanza y valientes, realizando actos de valentía. Yo vengo de una familia de comunicadores de la que me siento muy orgulloso. Una familia integrada por hombres y mujeres pioneros de la radio, la televisión y la publicidad en Venezuela. Me formé, desde muy pequeño, asistiendo a grabaciones en estudios de radio, visitando set de televisión, viendo cómo se realizaban las filmaciones de cuñas, y después, desarrollando campañas publicitarias. Cada una de estas actividades que estoy enumerando y remembrando, evidentemente, tienen que desarrollarse en un clima de libertad y respeto por los más elementales derechos ciudadanos. Haber cerrado Mágica 99.1 FM -emisora en la que estuve desde el año 2005- constituye un acto más que pretende cercenar los pensamientos plurales y las ideas. Pero, más allá de lo que encierra esta medida; una de las cosas que más me afecta y duele, ya no diría tanto en el plano estrictamente profesional, sino humano, es la cantidad de personas que, de un plumazo, y por una decisión completamente autoritaria, deja sin empleo a un grupo de amigos que estaba en sintonía con la filosofía de una Junta Directiva que respetó siempre el ejercicio de la comunicación social en el medio radioeléctrico y que, además, tiene una trayectoria y una hoja de vida impecables.

    Estando un poco más joven, de la mano de una comunicadora muy querida en la sociedad venezolana, como fue Isa Dobles, aprendí entre muchas otras cosas que la Libertad de Expresión es un derecho; pero, también una gran responsabilidad. Y en dictadura, esos preceptos quedan fuera de todo contexto porque, como dicen los músicos, no puede haber armonía cuando se nos obliga a todos entonar la misma nota. Un gobierno que se presenta a través de su propaganda como benefactor y protector de las clases desvalidas, cuesta mucho creer en sus mensajes cuando, producto de un capricho de un déspota autocrático, suma nuevas familias a la terrorífica lista de desempleo, en un país que padece los más altos índices de inflación y escasez.

    En estos momentos difíciles, nos toca levantar nuestra voz y nuestras banderas de ciudadanía, a pesar de que de nuevo intenten ahogarnos con esta medida que nos arrebata la libertad de expresarnos, nuestro derecho a comunicarnos y nuestra libertad de pensar de manera distinta. Siempre abogaré por el respeto a las opiniones del otro aun cuando no estemos de acuerdo. Los periodistas de pensamiento libre, indoblegables de mente, alma y corazón, nos hemos constituido siempre en una piedra en el zapato de los regímenes totalitarios. A diferencia de los periodistas gobierneros, que siempre terminarán convirtiéndose en piezas de propaganda de los sistemas antidemocráticos. El periodista debe, además de preguntar, exigir respuestas, increpar, en la búsqueda de las verdades, donde quiera que éstas se encuentren.

    Mi papá, José Domingo Blanco Yépes, quien en una oportunidad definió al periodista como un fanático irreductible de la verdad, vocero natural de la comunidad y defensor íntegro de todas las causas justas, nació en dictadura, en 1924; y murió en dictadura, en 2016. Yo, José Domingo Blanco Estrada, que nací en dictadura en 1954, ¡voy a morir en libertad!

    REFLEXIÓN:¡Caracas, ejemplo de épica y combatividad!

    Por Andrea Rondón

    A lo largo de estos 18 años de dictadura hemos sido testigos de la destrucción de las instituciones propias del Estado de Derecho; hemos visto como el Poder Judicial en lugar de ser un límite al poder del Estado se ha entregado sumiso a su servicio; se han desnaturalizado las leyes y el hipertrofiado ordenamiento jurídico venezolano es un brazo ejecutor de la dictadura instaurada en 1999, año en el que se impuso una Constitución por medios distintos a los previstos constitucionalmente.

    Pero no sólo somos testigos, también hemos sido víctimas de esta dictadura. En la medida en que el Estado tiene más presencia, inevitablemente el individuo cuenta con menos espacios. El Estado se manifiesta de distintas formas, no sólo socavando las instituciones propias del Estado de Derecho o imponiendo desacertadas medidas económicas contrariando toda lógica de mercado, sino también generando caos e inseguridad; sustrayendo competencias y recursos a las policías municipales; encomendando a la Guardia Nacional para la “seguridad” de civiles; fomentando la generación de grupos paramilitares (conocidos comúnmente como “colectivos”); entre tantas otras tácticas contra los ciudadanos. En suma, podría decirse que la inseguridad no es casual y es una política sistemática de Estado.

    Esto último ha traído como consecuencia desde hace varios años una Caracas sola; que ya el ciudadano no camina y no conoce. Los espacios naturales del ciudadano han sido abandonados y sí, cedidos, ante esta política de Estado. Se ha perdido la costumbre y tradición de recorrer esa Caracas que es un museo de arquitectura a escala urbana; de esa Caracas que exhibe edificios de arquitectos de la talla de Villanueva, Gorka, Sanabria. Cada día perdemos nuestra condición de ciudadanos, de caraqueños.

    Esta política sistemática de Estado ha recrudecido en los últimos meses ante las legítimas protestas de los venezolanos exigiendo la restitución del Estado de Derecho; la destitución de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y de los miembros del Consejo Nacional Electoral; el reconocimiento de la Asamblea Nacional y la celebración de elecciones generales. De hecho, la violencia por parte del Estado en las últimas semanas se ha traducido en verdadero terrorismo especialmente contra varias zonas de Caracas.

    A título de ejemplo, el 24 de mayo los vecinos de las Residencias Longaray de El Valle vivieron horas de represión por parte de paramilitares y funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana. Incluso se intentó ingresar a las residencias, pero los vecinos lo impidieron y pudieron resistir.

    Pero la peor de las arremetidas fue contra el sector Los Verdes de El Paraíso. Sin contar las semanas anteriores, el 13 de junio, la Guardia Nacional Bolivariana, del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), del Comando Nacional Antiextorsión y Secuestro (Conas) y grupos paramilitares organizaron un ataque contra civiles; destruyeron portones, ascensores, áreas comunes, vehículos; ingresaron a los apartamentos; robaron baterías y reproductores de los vehículos; mataron mascotas; detuvieron personas.

    Es difícil describir con palabras la arremetida de los últimos días; pero puede afirmarse sin lugar a dudas que Los Verdes es un ejemplo de violación de la propiedad privada que ya no tiene sólo por objetivo esclavizar y someter, característica propia del socialismo, sino también amedrentar y destruir nuestra primera propiedad, nuestro cuerpo, lo cual es propio de los totalitarismos.

    Pero, ¿por qué ese ensañamiento contra el sector Los Verdes?, porque este sector, construido en terrenos del Colegio San Agustín –y pensemos que el espíritu de este Santo los acompaña-, de forma excepcional, desde el inicio de la dictadura han mantenido una misma línea de resistencia en su contra. No cabe duda que Los verdes han sido siempre épicos y combativos y son el mejor ejemplo de una voluntad humana inquebrantable de no entrega de los espacios.

    Estos días de resistencia y ejemplos como el sector Los Verdes nos invitan y obligan a recuperar nuestros espacios; nuestra ciudad. Sin duda, caminar Caracas no será igual, ya no será sólo recorrer un museo de arquitectura a escala urbana, porque cada esquina, calle y edificio  nos recordará una marcha, un llanto –así no se vean las lágrimas-, una huida, un refugio, pero por sobre todo, el compromiso de resistir y no ceder nuestros espacios.