Boletín 43 | El ciclo de la miseria: un Estado que decide por los ciudadanos 2018-03-15T10:13:16+00:00

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    Boletin 43: El ciclo de la miseria: un Estado que decide por los ciudadanos

    En esta edición, Rafael Quiñonez nos habla del ciclo de miseria que impone un Estado macrocefálico, arbitrario, invasivo y autoritario, ya que el cambio social no puede ser entendido ni planificado previamente de un diseño impuesto por un gobierno o cualquier instancia externa al individuo. Nos asegura que este es una lección que la mayoría de los países latinoamericanos ya aprendió, a diferencia del caso venezolano.

    En línea con el argumento desarrollado en El Estado sustituyendo al individuo, un ciclo de miseria, en la sección de Historias se presenta el caso del cartón de huevos como un ejemplo sencillo y de manejo cotidiano, de lo que sucede una vez que se pretende que a través de controles se fijará un precio y por arte de magia toda la cadena productiva se adecuará a tal arbitrariedad.

    Finalmente, en la Reflexión, Andrea Rondón examina lo ocurrido con la imposición hecha en la primera semana de enero de 2018, por la Sundde, a las 26 cadenas de supermercados para que bajaran sus precios a los marcados el 15 de diciembre de 2017 y cómo este hecho constituye el parte del camino hacia el Holomodor caribeño.

    LA LUPA: El Estado sustituyendo al individuo, un ciclo de miseria

    Por Rafael Quiñónez

    Las teorías del desarrollo que dominaron la escena intelectual y política latinoamericana entre los años 40 y 80 tenía todas unas características comunes: sobrestimar en exceso a las ciencias sociales para develar el camino histórico de un país y a partir de allí, prescribir el desarrollo económico y social de cada nación de la región. Esta exageración del potencial de las ciencias sociales para impulsar el desarrollo en nuestro sub-continente les hizo a su vez subestimar el potencial de los individuos más allá de elementos como “clases sociales” (enfoque marxista) o “cultura” (enfoque positivista).

    Dicho sesgo en el análisis de la realidad ayudó a construir un Estado sobredimensionado que acaparó todas las actividades necesarias para el desarrollo, un Estado que sin darse cuenta se convirtió en el peor obstáculo para el desarrollo de las naciones latinoamericanas. Un cambio social para estos enfoques poco tenía que ver con una institucionalidad que protegiera la libertad de los individuos en materia política y económica, y más con un estado que planificara todos los elementos necesarios para impulsar el crecimiento económico de un país. Dichas teorías fracasaron rotundamente en sus intentos de explicar los obstáculos y condiciones necesarias para el desarrollo de los países, en que se fundamenta la economía estatocéntrica latinoamericana y el estado planificador en materia económica y social.

    Las ciencias sociales son formidables herramientas para comprender la realidad, pero gracias a determinados sesgos ideológicos pueden olvidar que la realidad social está integrada por individuos de carne y hueso. Sin duda, los individuos actúan dentro de asociaciones, grupos y reglas, pero aun así siguen siendo individuos. Un individuo más allá de su grupo social o su cultura, es capaz de establecerse objetivos y fines, y en sus relaciones sociales tienen la capacidad de plantear metas colectivas con otros individuos, y para lograrlas, desplazarse por múltiples direcciones que la planificación estatal y las ciencias sociales no siempre pueden predecir, donde se generan grupos, asociaciones e instituciones.

    La democracia liberal y el libre mercado se entienden mejor dentro de la esfera de la autonomía individual como eje articulador de lo que sucede en sociedad. Las capacidades de aprendizaje e innovación, tanto individual como colectiva de una sociedad son incentivadas por reglas generadas de múltiples interacciones que la autonomía individual posibilita. En consecuencia, el desarrollo de un país o el cambio social en el mismo no puede ser entendido ni planificado previamente de un diseño impuesto por un gobierno o cualquier instancia externa al individuo. Estructuras sociales, instituciones o sistemas de desarrollo, son el resultado de la acción de muchos individuos que se relacionan y tienen diversos intereses y visiones de futuro que a veces divergen y que pueden conciliarse a través de entendimientos, acuerdos o la competencia hecha de manera civilizada.

     

    El Estado macrocefálico, arbitrario, invasivo y autoritario que se desarrolló en América Latina anulaba la autonomía individual y por lo tanto posponía o debilitaba el concepto de democracia en nuestros países durante varias décadas del siglo anterior. Ya para finales de los 70 la situación de los países latinoamericanos con estado planificador era insostenible, un estado enfocado menos en satisfacer las necesidades crecientes de la población y más bien concentrado en brindar beneficios a sectores económicos y políticos privilegiados por el clientelismo y la planificación económica estatal sobredimensionada. Varios países de la región han roto este ciclo de miseria, al fin le han apostado más al individuo que a la burocracia gubernamental para impulsar el desarrollo. Una lección que deberíamos asimilar rápidamente los venezolanos del siglo XXI

    HISTORIAS CIUDADANAS: ¿Recuerdan qué pasó al controlar el precio de los huevos?

    Por Ana María Carrasquero

    “… el primer anuncio, lo hemos trabajado, es una decisión de los técnicos, de la institucionalidad del gobierno revolucionario que ha sido consultada con el presidente Nicolás Maduro y le ha sido explicada y ha autorizado el presidente Nicolás Maduro y la Sundde debe hacer cumplir con las fiscalizaciones y sanciones respectivas este precio (…) nadie en este país puede vender el cartón de 30 huevos a más de 420 Bs.”

    Estas fueron las palabras pronunciadas en el mes de noviembre del año 2015, por el entonces vicepresidente Jorge Arreaza. Las mismas dan cuenta de la forma en la que estos personajes conciben la fijación de precio de un bien, una reunión basta para ello.

    Esta imposición tiene sus consecuencias. Transcurridos dos años el precio del cartón de huevos para el momento en el que se redactan estas líneas ronda los Bs. 300.000,00. Dependiendo de la zona del país en el que se adquiera, puede ser un poco menor o un poco mayor. Esto implica que en dos años el precio del cartón se incrementó 714 veces o lo que es lo mismo sufrió un alza de 71.428%.

    En 2015 el precio de 1 huevo era de Bs. 14,00, en la actualidad es de Bs. 10.000,00. Un trabajador que gane salario mínimo aumentado en enero de 2018 a Bs. 797.510 (monto resultante de sumar el salario mínimo y el bono de alimentación), solo puede costear la compra diaria de 2 huevos.

    Los consumidores se sorprenden con el precio de los huevos. Muchos no entienden por qué el precio depende de los vaivenes del dólar. Recordemos que el alimento balanceado con el que se nutren las gallinas ponedoras es importado, dicha importación es potestad exclusiva del gobierno.

    Los productores nacionales han presentado infinidad de planes, desde sustituir las importaciones del alimento y sembrar maíz amarillo, sorgo y frijol de soya -componentes del alimento balanceado- en suelo venezolano, hasta importar por cuenta propia el alimento. Todas estas propuestas han caído en saco roto. Así que las consecuencias son las esperables, siembra vientos y cosecharás tempestades.

    Ilustremos esto con las cifras de la Federación Nacional de avicultores, usemos el año en el que se tomó la sesuda decisión de fijar el precio del cartón, el 2015 y comparemos con el 2017. En 2017 la población activa de gallinas ponedoras era de 240.964, para el 2017 la población fue de 120.118 gallinas. Lo que representa 120.846 gallinas menos, es decir, la cantidad total de gallinas que ponen huevos en este país disminuyó en 49,84%. En cuestión de años, Venezuela tiene casi la mitad de las gallinas.

    REFLEXIÓN: Venezuela: El dakazo a los supermercados -Pasos para el Holodomor del Caribe-

    Por Andrea Rondón

    “El derecho a la vida es la fuente de todos los derechos, y el derecho de propiedad es la única forma de implementarlo”– Ayn Rand, La virtud del egoísmo, Grito Sagrado Editorial, Buenos Aires, 2009, p. 135

    El viernes 5 de enero la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sundde) ordenó nuevamente la fiscalización y rebaja arbitraria de precios a establecimientos comerciales, pero esta vez acentuando la gravedad de la crisis que vivimos, los objetivos fueron las principales cadenas de supermercados del país.

    En nuestra opinión, este nuevo ataque a la propiedad privada constituye un hito y un momento de inflexión del régimen por dos motivos:

    En primer lugar, el objetivo de ataque no fueron electrodomésticos, ropa y juguetes de niños, como acostumbra el Gobierno Nacional desde el año 2010 en época decembrina o inicio de año. Esta vez la fiscalización de la Sundde se extendió de manera generalizada (y no sólo en establecimientos emblemáticos) a las principales cadenas de supermercados y se ordenó la rebaja de precios a una larga lista de alimentos.

    Esta vez el objetivo fueron los alimentos. Se trata de un hecho al que obligatoriamente debemos llamar la atención porque a la grave crisis que ya existe en el país en este tema, se suma esta medida desde el Gobierno Nacional que traerá como único resultado mayor desabastecimiento; la sobrevivencia de menos comercios; mayor dependencia del ciudadano (hoy convertido en esclavo prácticamente) del Estado; etc.

    Insistimos en el objetivo, porque luego de ver los resultados que estas medidas han generado en otros años, la conclusión es (i) que los supermercados privados como los conocemos hoy desaparecerán; (ii) sólo podremos acceder a comida a través de los mecanismos dispuestos por el Estado; (iii) así sean ineficientes para ello, porque lo único que les interesa es mantener el control y que su “revolución” (no en los términos de Arendt) triunfe, lo que podrá hacer con seres débiles y siervos y (iv) profundización de la crisis humanitaria actual y acercarnos cada vez a Holodomor.

    En segundo lugar, la reacción de una gran mayoría de venezolanos frente a las medidas tomadas. En este sentido, retomando a Rand, quiero recordar esta cita:

    “‘No juzgues y no serás juzgado.’ Pero este precepto, de hecho, es una abdicación de la responsabilidad moral; es un cheque en blanco moral que uno entrega a los demás a cambio de un cheque en blanco moral que uno espera para sí mismo”– Ayn Rand, La virtud del egoísmo, Grito Sagrado Editorial, Buenos Aires, 2009, p. 135

    Si bien es cierto que la instauración del control de cambio y de precios en el año 2003 y el ataque sistemático a la propiedad privada nos coloca en situaciones cada vez más difíciles, no es menos cierto que participar en la destrucción de la propiedad privada y en la satanización del comerciante siguiendo el discurso político del Gobierno; nos acerca más al rol de cómplices que de víctimas de este régimen. Los incentivos no ayudan, de hecho, los incentivos nos obligan a esto; pero –contrariando los principios de la Public Choice- quiero pensar que somos más que incentivos.

    Estemos conscientes que un régimen de estas características se mantiene en el poder porque existen personas que lo permiten. Si bien en procesos de este corte la gente no aprende, sino que sobrevive, yo quiero pensar, por nuestra propia sobrevivencia, pero como ciudadanos, que sí aprenderemos y entenderemos que para ser verdaderamente libres podremos elegir nuestro proyecto de vida y estaremos en condiciones de financiar las decisiones de ese proyecto de vida.