Las transferencias monetarias condicionadas, en inglés Conditional Cash Transfers (CCT’s) son un mecanismo de asignación directa de recursos por parte de los Gobiernos nacionales, cuyo objetivo es brindar financiamiento a las familias en situación de vulnerabilidad económica bajo algunas condiciones específicas –la asistencia de los niños a las escuelas estatales y su chequeo médico en las redes públicas de salud- con el objeto de contribuir a la disminución paulatina de la pobreza. Estas transferencias, o subsidios condicionados, corresponden a una categoría de programas sociales que presentan ciertas características particulares, al tratarse de una acción económica directa sobre un grupo poblacional concreto, usualmente en lapsos de tiempo establecidos según sus criterios técnicos y diferentes a los subsidios indirectos –las Misiones actuales en Venezuela serían las más conocidas- que no implican una focalización. En Latinoamérica, por lo general, se aplican dentro un marco de medidas compensatorias que llevan a cabo los Gobiernos centrales para contrarrestar los efectos generados por inadecuadas políticas macroeconómicas, debido a la disminución de elementos como la libertad económica y el respeto a los derechos de propiedad, lo cual varía según cada nación.

En la actualidad, países como Brasil, México, Colombia y Argentina son ejemplos emblemáticos de la aplicación de estos programas en el continente. En Venezuela, la Beca Alimentaria ha sido el ejemplo más emblemático dentro de esta categoría. Diversos organismos internacionales como el BID y la CEPAL indican que la implementación de los CCT’s ha sido estadísticamente exitosa en metas como la estabilización económica, la inclusión social, el incremento de la escolaridad y la inserción laboral. Sin embargo, otros autores han señalado lo contrario: las políticas públicas que se fundamentan sólo en programas que priorizan la asistencia social desmedida en el tiempo, especialmente en aquellos casos donde no se complementan con un conjunto de reformas medulares en la estructura económica y apuntan al empoderamiento del individuo, han frustrado sus oportunidades reales de crecimiento sostenible, apertura a la inversión y prosperidad para sus ciudadanos.

En este sentido, vale la pena detenerse en un aspecto central del diseño de las políticas públicas y los factores que guían su elección: ¿Cuál sería el aporte que disciplinas como la antropología, en tanto ciencia que estudia al hombre, pueden hacer? La formulación de políticas es una actividad sociocultural, enraizada en los procesos sociales cotidianos así como en las prácticas culturales que conforman nuestra visión del mundo. Así, se encuentran moduladas por aquellas ideas, percepciones e incentivos que orientan nuestra vida en sociedad.

De esta manera, la popularidad en política social de estrategias como los CCT’s obedece, en gran medida, a la forma en que se encuentra configurado nuestro pensamiento colectivo, es decir, a la instauración de los derechos sociales como principio casi axiomático –la necesidad de proveer a las personas de alimentación, vivienda, educación, etc., desde una figura de Poder, sea familiar, grupal o gubernamental sin contrapesos- junto a la idea de que la pobreza representa, en muchos casos, una suerte de ideal moral a aspirar y no un estado de la humanidad que debe ser gradualmente reducido y superado. Esto no significa que los requerimientos inherentes a la vida humana deban ser ignorados o apartados del interés público, pero sin duda podrían conducir hacia una mejor calidad de vida si se centraran en el ser humano como fin en sí mismo a partir de la exploración y puesta en práctica de sus potencialidades, dirigidas a superar las condiciones adversas y satisfacer sus necesidades.

En este sentido, y utilizando como ejemplo el estudio de los CCT`s en economías petroleras como el caso venezolano, algunos investigadores señalan la importancia de considerar aspectos como la simbología detrás de estas medidas, la representación de fórmulas de legitimidad implícitas para el legislador, el papel que desempeñan los discursos públicos y el uso de la lengua, el rol de las nuevas tecnologías e incluso el carácter emocional que subyace al uso de dichas políticas sobre una plataforma cultural, todos estos procedimientos ejercidos desde el Poder que usualmente ocultan sus mecanismos de funcionamiento.

Éstos son sólo algunos elementos dentro de la multiplicidad de factores que pueden incidir en el desempeño de una política social basada en programas de subsidios, como las Misiones actualmente, pero incluso como los CCT´s aunque en menor proporción y más eficaces que las primeras, especialmente si 1) no existe una revisión periódica de los criterios objetivos que lo conforman -indicadores que evidencien una correlación positiva entre su aplicación y el resultado obtenido- 2) una delimitación finita de ellos y 3) más importante aún, si estas medidas no se acompañan con una transformación cultural de nuestro pensamiento colectivo, modulada por un marco institucional donde se respeten las reglas de juego y que sirva como base para estimular la producción del ser humano, garantizar los derechos de propiedad y promover la cooperación voluntaria entre las personas como método para aspirar a una verdadera superación de la pobreza. 

Carlos Herrera – Investigador Cedice