Nuevamente Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, en la 109 Conferencia Internacional del Trabajo ofreció su visión de los derechos de propiedad que no nos puede dejar sin respuesta. A continuación damos respuesta a las afirmaciones que fueron recogidas por el portal de noticias Semana (https://www.semana.com/mundo/articulo/la-propiedad-privada-es-un-derecho-secundario-afirmo-el-papa-francisco/202146/, consultado el 22 de junio de 2021) Bergoglio afirmó que:

«el derecho a la propiedad es ‘un derecho natural’ pero ‘secundario’ derivado del derecho que tienen todos, ‘nacido del destino universal de los bienes creados’».

Lamentablemente se olvida que nuestra primera propiedad es nuestro cuerpo y nuestras ideas, que todos somos propietarios, no sólo los empresarios que parece ser la idea detrás del discurso de Bergoglio. Se trata de un derecho fundamental y no secundario porque es el que nos permite llevar a cabo el proyecto de vida que escogimos en el ejercicio del libre arbitrio. Nuestro proyecto de vida no se puede llevar a cabo sólo con deseos y aspiraciones, son necesarias condiciones materiales para ello. Esas condiciones materiales sólo son posibles a través del derecho de propiedad.

Además, el derecho de propiedad como hace posible nuestro proyecto de vida es el que nos permite realizarnos como personas; es mucho más que económico o patrimonial; visto así es el que nutre nuestra alma, aspecto central de preocupación de la iglesia católica pero que lamentablemente Bergoglio no asocia.

Bergoglio también afirmó que «Cuando un sindicato se corrompe, ya esto no lo puede ser, y se transforma en un estatus de seudopatrones, también distanciados del pueblo».

¿Acaso las distorsiones que hoy vemos en los sindicatos es exclusiva responsabilidad del empresario? ¿los Gobiernos no tienen responsabilidad alguna?

Bergoglio parece olvidar que, gracias a las regulaciones laborales, la relación laboral que debería ser de dos (patrono-trabajador) se ha convertido en una relación de tres en la que los Gobiernos tienen una gran incidencia a tal punto que determinan los términos y condiciones de dicha relación, por ejemplo, con la fijación del salario mínimo y el decreto de inamovilidad laboral.

Cuando Bergoglio denuncia las distorsiones de los sindicatos que a su parecer se han convertido en «seudopatrones» sataniza a los empresarios y elimina la gran responsabilidad que tienen los Gobiernos en las distorsiones que hoy en día evidencian los sindicatos.

Esta responsabilidad de los Gobiernos también la olvida Bergoglio cuando pide que «la ‘protección social’ llegue a los que trabajan en negro, es decir, de manera informal» y que «los empresarios que trabajen por la ‘superación de la miseria’ y se centren en la creación de ‘fuentes de trabajo diversificadas’».

¿Acaso la informalidad no es resultado también de las asfixiantes regulaciones a las que están sometidos los patronos? Cuando se habla de mercado negro no se está enfocando la atención a donde debería hacerse. Un mercado negro es el inevitable resultado de las asfixiantes regulaciones en un determinado sector y que evidencia la intención de los agentes del mercado de sobrevivir pese a las regulaciones. Nos daremos cuenta que mucha de esa informalidad denunciada por Bergoglio resulta que son acuerdos entre patrono y trabajador que son más beneficios para ambas partes, porque en un caso permite la sobrevivencia del negocio y en otro caso procurarse un ingreso por la prestación de un servicio.

Nuestra intención con estas líneas no es idealizar al empresario, porque desde el liberalismo no se defiende a una clase social. La intención es llamar la atención hacia las verdaderas causas de los problemas actuales, sin satanizar. Mientras tengamos una posición sesgada no veremos al verdadero responsable de las denuncias que hoy hace Bergoglio y muchos otros sectores de la sociedad y estaremos cada vez más alejados de la meta que clama Bergoglio, esto es, erradicar la pobreza.

Dra. Andrea Rondón García.